Por
Dana Urgová [*]
Cuán profética se observan hoy en día, las
palabras de Germán Rubiano Caballero,
escritas en 1981 como presentación para la
exposición individual de César Gustavo
García, realizada en Instituto de Cultura y
Bellas Artes de Boyacá. Conocedor y
admirador de la obra artística de éste
chiquinquireño, cuya formación se ha forjado
durante siete años en Europa, en unos
cuantos párrafos ha estimado los resultados
de ésta y ha visualizado muchos de los
aspectos sobresalientes que se han
desarrollado, efectivamente, en estos 25
años de la labor artística y cultural del
artista.
“El atractivo (…), consiste en la
demostración fehaciente de que García Páez
tiene autoridad para enseñar y dirigir las
labores docentes en una escuela de arte.
Cosa que no pasa siempre en nuestro medio en
donde, muchas veces, las influencias extra –
académicas inciden en el nombramiento de un
cargo que, por razones obvias, debería ser
exclusivamente de índole artística.”
A
lo largo no solo de su trayectoria
artística, sino su vida personal y
profesional, César Gustavo García se ha
desempeñado como Docente. Fue fundador de la
escuela de Bellas Artes, para la cual ha
diseñado los espacios apropiados para el
desarrollo técnico y de calidad del talento
colombiano.
En su tiempo (¡u me temo, que todavía!), fue
el único centro educativo del país, donde se
desarrollaba el proceso, de educación
artística. Para seguir aportando al
perfeccionamiento de los interesados, creó
allí un Centro de Educación no formal, que
funciona desde 1999: el Estudio de Arte.
Suele afirmarse que los buenos artistas no
siempre son buenos profesores, y en el caso
de García Páez, la excepción confirma la
regla. Ha sabido detectar la disposición
innata el talento y aportar significativa y
honestamente a su progreso. Al dirigir
acertadamente el desarrollo personal de sus
alumnos, nunca pretendió imprimir o imponer
en ellos, la huella del lenguaje artístico
particular, sino que los condujo a que cada
uno de ellos definiera, cultivara y puliera
el suyo. Se ha entregado a éste oficio con
seriedad, dedicación y sin guardar para sí,
los “secretos” del oficio, compartiendo
generosamente un vasto bagaje cultural que
adquirió en años. Además de la transmisión
de los saberes técnicos, propios a las
disciplinas tales como composición y
modelado escultórico, dibujo artístico – que
han sido, entre otras, las asignaturas
abordadas usualmente por él en el cátedra de
la Escuela o en su taller – ha enseñado a
sus estudiantes observar y ver, sentir y
percibir, llenarse del “espíritu del
Taller”…
“pero
algo todavía más importante. García Páez no
solo es el maestro que conoce los oficios,
sino el artista que conoce un amplio bagaje
cultural con el que puede respaldar la
realización de sus obras. Cada vez resulta
más evidente, que no basta saber la cocina
de la pintura o la técnica de la escultura
para llegar a producir una labor realmente
artística, sino que es indispensable, que al
conocimiento de unas manualidades, se una,
una información completa en historia del
arte y en problemas relacionados con la
ciencia del arte, así como una amplia gama
de conocimientos del variado mundo de la
cultura.”
Aunque tuvo que “soportar” el rigor de la
formación técnica y profesional en una
academia formal de reconocido prestigio,
como lo ha sido siempre la de San
Petersburgo, es innegable y se evidencia en
toda su Obra, que ser un artista cabal no es
solamente dominar el manejo de lo que
Rubiano Caballero nombra como la “cocina” o
“las manualidades” de las distintas
expresiones artísticas. Una obra completa no
solo debe evidenciar el dominio de los
múltiples aspectos técnicos propios de cada
disciplina y género (la forma), sino del
contenido; no basta con saber el “como”,
sino también el “que” del lenguaje
artístico. Ello no es consecuencia de otra
cosa, que de la capacidad – innata y
cultivada – de traducir a un lenguaje
plástico determinado, la percepción
personalísima del artista, mediante una
constante búsqueda, confrontación,
contextualización y transformación de su
mundo exterior e interior. Se requiere de
mucha imaginación, creatividad y, ante todo,
inspirada reflexión sobre el mundo que nos
rodea y los hechos tanto del diario vivir,
como también de sus significados
trascendentales.
Aunque
los detractores de una formación artística
sólida (y si que os ha habido, hay y
lastimosamente habrá en este país) en muchas
ocasiones han menospreciado algo tan básico,
las personas conocedoras del tema, con un
gusto estético cultivado, profesionales y
especialistas, nunca pasaron por alto este
hecho. En mi opinión personal, por más
“inspirado” o “talentoso” que pueda ser un
artista, sin lugar a dudas – tarde o
temprano – en su obra se manifestará –
quizás oculto a los ojos de los diletantes,
aficionados o amigos personales e “hinchas
incondicionales” – ese enorme vacío formal y
conceptual, que nunca ha podido ser llenado
debido a la falta de un aprendizaje
adecuado, serio y – al fin y al cabo –
profesional en todo sentido. Por alguna
razón – que considero mágica y macondiana –
en el subconsciente colectivo de este país
se arraigó la práctica de reconocer la
formación y los servicios de un buen
cirujano, ingeniero, panadero, abogada,
plomero… pero en algo tan importante y
trascendental como la formación del criterio
y gusto estético, el riguroso
profesionalismo es algo “demás”. Lógico que
esta opinión es, apenas, la consecuencia
correspondiente de un entorno educacional,
estético y socio – histórico determinados,
pero, - a estas alturas y con un Ministerio
de Cultura que celebra sus primeros 10 años
– creo, que ya es hora de que la situación
cambie, tanto para el bien de los artistas,
como de los públicos.
[*]
Historiadora y Crítica de Arte, docente de
la Fundación Universitaria Juan N. Corpas
Academia de Bellas Artes "I.E.Repin", San
Petesburgo, Rusia.
Correos electrónicos:
danaurgova@hotmail.com,
danaur@gmail.com