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César Gustavo García Páez - Artista - Edición No. 62
 

Por Dana Urgová [*]

Cuán profética se observan hoy en día, las palabras de Germán Rubiano Caballero, escritas en 1981 como presentación para la exposición individual de César Gustavo García, realizada en Instituto de Cultura y Bellas Artes de Boyacá. Conocedor y admirador de la obra artística de éste chiquinquireño, cuya formación se ha forjado durante siete años en Europa, en unos cuantos párrafos ha estimado los resultados de ésta y ha visualizado muchos de los aspectos sobresalientes que se han desarrollado, efectivamente, en estos 25 años de la labor artística y cultural del artista.

“El atractivo (…), consiste en la demostración fehaciente de que García Páez tiene autoridad para enseñar y dirigir las labores docentes en una escuela de arte. Cosa que no pasa siempre en nuestro medio en donde, muchas veces, las influencias extra – académicas inciden en el nombramiento de un cargo que, por razones obvias, debería ser exclusivamente de índole artística.”

A lo largo no solo de su trayectoria artística, sino su vida personal y profesional, César Gustavo García se ha desempeñado como Docente. Fue fundador de la escuela de Bellas Artes, para la cual ha diseñado los espacios apropiados para el desarrollo técnico y de calidad del talento colombiano.

En su tiempo (¡u me temo, que todavía!), fue el único centro educativo del país, donde se desarrollaba el proceso, de educación artística. Para seguir aportando al perfeccionamiento de los interesados, creó allí un Centro de Educación no formal, que funciona desde 1999: el Estudio de Arte.

Suele afirmarse que los buenos artistas no siempre son buenos profesores, y en el caso de García Páez, la excepción confirma la regla. Ha sabido detectar la disposición innata el talento y aportar significativa y honestamente a su progreso. Al dirigir acertadamente el desarrollo personal de sus alumnos, nunca pretendió imprimir o imponer en ellos, la huella del lenguaje artístico particular, sino que los condujo a que cada uno de ellos definiera, cultivara y puliera el suyo. Se ha entregado a éste oficio con seriedad, dedicación y sin guardar para sí, los “secretos” del oficio, compartiendo generosamente un vasto bagaje cultural que adquirió en años. Además de la transmisión de los saberes técnicos, propios a las disciplinas tales como composición y modelado escultórico, dibujo artístico – que han sido, entre otras, las asignaturas abordadas usualmente por él en el cátedra de la Escuela o en su taller – ha enseñado a sus estudiantes observar y ver, sentir y percibir, llenarse del “espíritu del Taller”…

“pero algo todavía más importante. García Páez no solo es el maestro que conoce los oficios, sino el artista que conoce un amplio bagaje cultural con el que puede respaldar la realización de sus obras. Cada vez resulta más evidente, que no basta saber la cocina de la pintura o la técnica de la escultura para llegar a producir una labor realmente artística, sino que es indispensable, que al conocimiento de unas manualidades, se una, una información completa en historia del arte y en problemas relacionados con la ciencia del arte, así como una amplia gama de conocimientos del variado mundo de la cultura.”

Aunque tuvo que “soportar” el rigor de la formación técnica y profesional en una academia formal de reconocido prestigio, como lo ha sido siempre la de San Petersburgo, es innegable y se evidencia en toda su Obra, que ser un artista cabal no es solamente dominar el manejo de lo que Rubiano Caballero nombra como la “cocina” o “las manualidades” de las distintas expresiones artísticas. Una obra completa no solo debe evidenciar el dominio de los múltiples aspectos técnicos propios de cada disciplina y género (la forma), sino del contenido; no basta con saber el “como”, sino también el “que” del lenguaje artístico. Ello no es consecuencia de otra cosa, que de la capacidad – innata y cultivada – de traducir a un lenguaje plástico determinado, la percepción personalísima del artista, mediante una constante búsqueda, confrontación, contextualización y transformación de su mundo exterior e interior. Se requiere de mucha imaginación, creatividad y, ante todo, inspirada reflexión sobre el mundo que nos rodea y los hechos tanto del diario vivir, como también de sus significados trascendentales.

Aunque los detractores de una formación artística sólida (y si que os ha habido, hay y lastimosamente habrá en este país) en muchas ocasiones han menospreciado algo tan básico, las personas conocedoras del tema, con un gusto estético cultivado, profesionales y especialistas, nunca pasaron por alto este hecho. En mi opinión personal, por más “inspirado” o “talentoso” que pueda ser un artista, sin lugar a dudas – tarde o temprano – en su obra se manifestará – quizás oculto a los ojos de los diletantes, aficionados o amigos personales e “hinchas incondicionales” – ese enorme vacío formal y conceptual, que nunca ha podido ser llenado debido a la falta de un aprendizaje adecuado, serio y – al fin y al cabo – profesional en todo sentido. Por alguna razón – que considero mágica y macondiana – en el subconsciente colectivo de este país se arraigó la práctica de reconocer la formación y los servicios de un buen cirujano, ingeniero, panadero, abogada, plomero… pero en algo tan importante y trascendental como la formación del criterio y gusto estético, el riguroso profesionalismo es algo “demás”. Lógico que esta opinión es, apenas, la consecuencia correspondiente de un entorno educacional, estético y socio – histórico determinados, pero, - a estas alturas y con un Ministerio de Cultura que celebra sus primeros 10 años – creo, que ya es hora de que la situación cambie, tanto para el bien de los artistas, como de los públicos.

Los beneficios de una sólida formación, unida a una asombrosa capacidad de observación, ingenio, originalidad y creatividad, pueden observarse en todas y cada una de las obras del Artista. En todas sus creaciones – desde el más rápido boceto en dibujo hasta el más monumental de sus conjuntos escultóricos en espacio público – podemos percibir la armonía del contenido y forma, el diálogo de sus características, los acordes de sus relaciones, influencias e inter – actuaciones. Para un observador sensible y atento, o hay una sola mirada que no invite a reflexionar, preguntar y deducir, enseñar y aprender, seducir y ensoñar, sorprender e intrigar…Cada pieza corresponde no tan solo a una búsqueda intensa y exitosa de una expresión formal precisa, bien lograda y plenamente profesional, sino al resultado de una reflexión profunda y personas sobre lo que la inspiró y motivó.  

“Las pinturas, los dibujos y las esculturas de García Páez son buena demostración de disciplina de estudio entorno de unas formas, mil veces tratadas en la historia del arte. Formas que, en la mayoría de los casos, tiene que ver con la figura humana, desnuda o vestida, con sus movimientos, gestos y actitudes. En buena parte son bocetos para trabajos mayores o – en el caso de los dibujos – apuntes atildados de lo que debe ser la representación del cuerpo humano. En todos ellos, hay pruebas de sensibilidad y de recursos creativos espontáneos.”

“He visto centenares de dibujos suyo, testimonio de una escuela que viene de la tradición francesa, reforzada por el rigor soviético. El resultado, estupendo…”

 

[*] Historiadora y Crítica de Arte, docente de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas

Academia de Bellas Artes "I.E.Repin", San Petesburgo, Rusia.

Correos electrónicos: danaurgova@hotmail.com, danaur@gmail.com  

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