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Difusión: Revista Mefisto

REPORTAJE. El pasado 26 de Noviembre
de 2009
se conmemoraron 50 años de la muerte de
Carlos Villafañe,
uno de los grandes poetas y cronistas de comienzos
del Siglo XX. Sus textos románticos y humorísticos
impactaron a varios generaciones.
Homenaje.
Por Redacción de GACETA
Fotos especiales para GACETA,
Noviembre 29, 2009
Pareciera que a cinco décadas de la
desaparición del poeta y cronista Carlos Villafañe,
una de las glorias de las letras colombianas de la
primera mitad del Siglo XX, su figura y su legado se
han convertido en un fantasma que sólo sobrevive en
el alma y el corazón de quienes lo conocieron o de
quienes se conmovieron con sus poemas y se
divirtieron con sus crónicas.
Villafañe nació en Roldanillo el 5 de
abril de 1881 y fue criado por su madre, Josefa
Villafañe. En 1894 se marchó a Bogotá donde se
incrustó con facilidad en los medios intelectuales
como la Gruta Simbólica, tertulia literaria y
política que se inició hacia 1912 y en la que brilló
por su incisivo humor y el carácter melancólico y
sentimental de su vena poética, influida claramente
por el movimiento del Romanticismo que en forma
tardía llegó desde Europa.
Con el seudónimo de 'Tic Tac:
escribió exquisitas crónicas humorísticas para
publicaciones como El Tiempo y la revista Cromos, en
las décadas de 1920 y 1940, las cuales, junto a sus
actividades en la Gruta Simbólica, le valieron el
título de rey del 'Calembour: por su espontánea e
inteligente manera de jugar con las palabras en
composiciones llenas de chispa humorística y
vivacidad.
También fue amigo y confidente del
presidente Marco Fidel Suárez, quien le nombró
cónsul en Tarragona, España.
De su producción literaria se
destacan sus libros 'De sol a sol: 'Pathe journal' y
'Memorias de un desmemoriado”. Tal vez su poema más
recordado es 'La vía dolorosa: el cual se cita en
varios textos como "el octavo soneto más hermoso de
la literatura hispana, según la Real Academia de la
Lengua Española”.
De Villafañe también se recuerda que
fue él quien le dio el título de Ciudad Señora a
Guadalajara de Buga y de Tierra del Alma a su natal
Roldanillo y que da nombre a otro de sus más
conocidos poemas.
Javier Tafur, un poeta de
estos tiempos y quien ha dicho que su mamá le
hablaba "de la hondura y belleza de la 'Vía
dolorosa'" explicó que los textos de Villafañe
"conllevan un canto a la naturaleza con el toque
personalísimo de lo suyo y de sus influencias. Así
la flor es la flor y en ella debemos encontrar a
veces el arquetipo romántico de la flor como
símbolo. No obstante predomina en él lo humano y de
ello su obra tiene abundantes ejemplos; el
estremecimiento del ser y el breve instante de una
frase de humor mientras llega el tiempo de
extinguirnos”, dijo.
Pero con el paso del tiempo el
recuerdo del poeta se ha ido borrando. En Cali, por
ejemplo, muchos fa recuerdan sosteniendo tertulias
en el lobby del Hotel Alférez Real, donde el célebre
autor habitó por largas temporadas, gracias al
industrial Hernando Caicedo, propietario del hotel y
quien fue su mecenas y amigo. Pero del legendario
Hotel ya no queda nada.
En su lugar está el
Parque de los Poetas
* donde
la
estatua de Villafañe
* comparte su soledad de tumba olvidada al lado de
las imágenes de Jorge Isaacs, Ricardo Nieto y
Antonio llanos, otras glorias literarias de la
región.
Entre tanto, en Roldanillo, los vestigios del Poeta
están diseminadas. Junto a la Alcaldía está un busto
suyo elaborado por el escultor Mardoqueo Montaña,
acompañado de una placa grabada con los versos del
poema 'La vía dolorosa; que fueron puestos allí por
la colonia roldanillense de Cali, en los años 80, al
igual que una serie de placas distribuidas por
diversos sitios emblemáticos de la población, con
fragmentos de su poema 'Tierra del Alma”: dedicado a
su tierra natal.
Una de ellas se encuentra en la casa donde nació el
poeta, un caserón ubicado a un par de cuadras de la
plaza principal. Habitada por descendientes de la
familia del poeta, quien no tuvo hijos, la casa
muestra los efectos del paso del tiempo, aunque sus
habitantes están reparando la fachada. Pero en su
interior no hay nada que recuerde el poeta.
Otra huella del poeta está en el sótano de la
Iglesia de San Sebastián, donde están los osarios.
Allí, en la cripta 13, están sus restos, una placa
con su nombre y fechas de nacimiento y muerte lo
identifican, mientras que en la Casa de la Cultura
'Carlos Villafañe”, un retrato al óleo y una
caricatura del artista, junto a algunas fotografías
de su sepelio, son los únicos elementos que dan
cuenta del paso del poeta por este mundo. Pero no
hay un museo ni un espacio ni una institución donde
se puede explorar el mundo de Villafañe, sus
orígenes, su vida literaria, sus personalidad y el
legado de su obra.
Para lograr tal propósito hay que buscar entre los
roldanillenses, algunos de ellos verdaderos
custodios de su legado, como es el caso de Daniel
Rojas Espinosa.
Jubilado en la docencia, Rojas, de 65 años, sobrino
de Luis Carlos Espinosa, ya fallecido, "amigo fiel y
confidente del poeta durante 40 años”, como él mismo
relata, y quien le inculcó desde niño la devoción
por la vida y obra de Villafañe.
Sentado en la plaza principal del pueblo, Rojas
evocó cómo desde que tenia unos 10 años su tía lo
llevaba hasta la droguería Popular para que hiciera
allí sus tareas escolares y, sin quererlo, se
convirtió en testigo excepcional de las tertulias
que todos los días, a partir de las 7:00 p.m.,
realizaba el poeta, con algunos amigos. "Lo recuerdo
como esos viejitos buenos, pero me impresionaba su
fragilidad, pues era tan delgadito que parecía como
hecho de suspiro que uno lo va a coger y se puede
desbaratar. Vestía en forma correcta con vestido de
pantalón y saco y su sombrero café, camisa habana,
corbatín y botines, que acompañaba de un bastón o un
palo de berraquillo y, claro, sus infaltables
anteojos de lentes redondos”.
Siendo un adolescente, Rojas era
testigo mudo de aquellas conversaciones. "Lo que más
recuerdo era la forma de conversar muy pausada de
Villafañe. Cuando la gente comenzaba a hablar muy
duro, ello hacía en tono bajito, entonces la gente
le preguntaba "qué dice poeta" y él respondía, "ya
lo dije': con lo cual obligaba a la gente a guardar
silencio', dijo.
Tras la muerte de su tío Luis Carlos, éste le dejó a
Rojas diversos documentos del poeta, entre cartas,
recortes de prensa, poemas inéditos y fotografías, e
incluso hasta los huesos del poeta, cuyos restos
vivieron un largo peripIo por no tener una tumba
propia, hasta que por fin encontró su destino final
en el osario de la Iglesia de San Sebastián.
Preocupados ante el paulatino olvido en que estaba
quedando relegado el legado del poeta, un grupo de
ciudadanos, del que hace parte Rojas, comenzó a
reunirse meses atrás en la fundación Casa Quintero,
un dinámico centro cultural para organizar una
Semana Cultural que culminó hace pocos días y que
ellos titularon 'Carlos Villafañe, 50 años de
ausencia, 50 años de gloria”.
"En vista de que ni la administración
municipal, ni la Casa de la Cultura se acordaban del
acontecimiento, nos dimos a la tarea de reunimos
para hacer diversas propuestas que desembocaron en
esta semana en la que quisimos incorporar tanto a la
población urbana como rural, para darle un
reconocimiento a la magnitud de la obra de Villafañe,
pues pensamos que es un patrimonio que debemos
transmitir a las nuevas generaciones y que está
ligado a la identidad de la región', dijo el
ingeniero Ignacio Carrillo, miembro del grupo
organizador.
El maestro Ómar Rayo, amigo personal
de Villafañe, también hizo en su museo su propio
homenaje con una exposición del poema 'La vía
Dolorosa: escrito en las geométricas paredes de una
de las salas del museo. "Dispuse el poema como si
fuera una obra de arte que uno puede ir leyendo
mientras camina', señaló el artista.
Rayo, recordó que conoció al poeta en Cali, en el
Hotel Alférez Real, en la década de 1950. "Yo
realizaba allí una exposición de mis caricaturas,
recuerdo que nos reunimos en el lobby y allí estaba
con su vestido impecable y sus bolsillos lleno de
harinas de cucas y pandeyucas, recuerdo que siempre
estaba comiendo. Tenía una chispa humoristica
maravillosa, que para mí era su mayor virtud, pues
la poesía hace parte del entorno, pero para el humor
se requiere estar realmente vivo. Era alegre,
brillante y muy inteligente, pero a la vez
nostálgico, especialmente con su poesía que era
amorosa que lo reflejaba como un amante del mundo,
de la vida y de las mujeres', recalcó el maestro.
Rayo recordó la caricatura que le hizo al poeta y
que hace parte de su serie maderismo: "Salíamos del
Café Volga y nos sentamos en una banca del parque
principal en Roldanillo y allí comencé a dIbujarlo
mientras conversábamos. Primero lo hice con líneas
comunes y luego deformaba la figura para dar la
sensación de que el rostro estaba hecho de trozos de
madera que estaban atornillados, recuerdo que lo que
más resaltaba era su nariz.'
Sin embargo, Rayo lamentó la poca acogida que tuvo
la apertura de la exposición. "Sentí una profunda
tristeza de ver tanta indiferencia de la gente. El
gran problema de los pueblos es que olvidan su
historia, sus raíces y sus grandes valores como lo
fue Villafañe, no tenemos amor por lo propio. Por
eso el día de la apertura dije que sentía que estaba
en el segundo funeral de Villafañe y que me daban
ganas de llorar”, dijo en tono de reproche.
Ese sentimiento también invade a los
seguidores del poeta, quienes ven impotentes cómo el
legado de Villafañe corre el riesgo de perderse en
el olvido. "Me da la impresión de que esta es la
última gran celebración que se le hará al poeta,
pues en el futuro ya no habrá quien siga conservando
su memoria', dijo con resignación Ignacio Carrillo.
Pero allí están sus poemas y crónicas
chispeantes, textos maravillosos a través de los
cuales no sólo se evoca al poeta y al cronista, sino
a una época, un paisaje y un trozo de la historia de
la cultura de nuestro país.

La vía dolorosa
Yo mismo la enterré, yo mismo un día
cerré sus ojos a la luz terrena
y enjugué de su frente de azucena
el trágico sudor de la agonía.
Es un recuerdo blanco: todavía
la nombro en el silencio de mi pena.
Descanse en el Señor ... si era tan buena!
Duerma en mi corazón ... si era tan mía!
Ojos y boca y manos ilusorias
todo bajo las sábanas mortuorias
quedó como una lámpara extinguida.
Y yo de mi locura bajo el peso,
déjele el alma en el dolor de un beso
y a duras penas me quedó la vida.
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Nada
Nada me queda del ayer florido
Nada retoña en mi jardín y siento
La tristeza del árbol carcomido
Sin hojas y sin savia y sin aliento
El ave infausta de remoto olvido
Llegó a mis puertas y graznó su acento
Y el ruiseñor que endulzó el oído
Dejó la jaula y se perdió en el viento
Hoy ya mi corazón es como un sauce
Que en el árido soplo del verano
Inclina a veces su ramaje umbrío
Sobre la sed monótona del cauce
Por donde en otro tiempo, ya lejano
Pasó la dulce claridad del río …!
Las puertas de golpe
(fragmento)
En la mitad del llano donde pasta
la vacada y retozan los terneros
entre cercas de guadua, está la puerta
de golpe, limitando los potreros.
Es el anochecer y ya la sombra
se cierra sobre el monte y sobre el llano
mientras diluye sus cenizas lentas
el hogar del crepúsculo lejano.
Dilata en el pavo de los caminos
la noche su melena destrenzada
y la puerta de golpe, en el silencio
gime bajo el tejar de la portada.
Ah! la puerta de golpe! Algún viandante
la empuja y en la rústica tiniebla
un gemido espectral, trémulo y largo
de angustia y miedo los contornos puebla.
Es un gemido lastimero y hondo
es un acento como de alma en pena
algo que en el misterio de las sombras
de una aguda zozobra el alma llena
Qué sentirán las puertas empujadas
de la noche en la pávido letargo
que se quejan tan trémulo y tan hondo
con tanta pena y con gemir tan largo!
CRÉDITOS DE DIFUSIÓN:
CARLOS
VILLAFAÑE, "Tic-Tac". "50 años". GACETA. El País,
Cali.
http://ntcpoesia.blogspot.com/2009_11_29_archive.html
Allí textos, imágenes, enlaces, complementaciones,
....
Publica y difunde: NTC… Nos Topamos Con…
http://ntcblog.blogspot.com/
, ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia, Nov. 29, 2009
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