ÉTICA Y CRÍTICA DE
ARTE EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO
Por: Germán López Velásquez *
Dedico esta reflexión, al intelectual, poeta y
narrador colombiano, Hernando López Yepes.
Hay
una verdadera confusión. La ética es un conjunto
de valores soportados en el humanismo. La
crítica de arte, un conjunto de valores sobre
una obra signados por la ética. Significa que
toda crítica de arte está soportada en una
ética. No hay crítica de arte sin la precedencia
de una ética. Es la ética, entonces, la
orientadora de la crítica. Afirmar que una obra
de arte sólo debe mirarse desde los valores
estéticos, formales, simbolistas si se quiere,
es mentir. La forma por la forma constituye per
se una postura ética frente a lo individual y
colectivo. La creación que se desconecta de los
grandes conflictos sociales, que desconoce la
condición humana, que sólo mira la belleza por
la belleza, es por supuesto una postura
artística que involucra la ética. Me refiero al
arte alado, sempiterno, etéreo en el sentido
esencial. Retomo unos versos de Goethe:
“Nada
sé mejor, para los domingos y días de fiesta,
Que una conversación sobre guerra y llamamiento
a las armas;
Mientras que allá abajo, bien lejos, en Turquía,
Los pueblos mutuamente se degüellan,
Aquí estamos sentaditos, a la ventana, apurando
una copita,
Y contemplamos las abigarradas naves
deslizándose río abajo;
Por la tarde regresamos alegres a la casa
Y bendecimos la paz y los pacíficos tiempos”
No hay, pues, creación artística carente de
ética como sistema de valores. En toda obra
subyacen valores supremos, entornos políticos,
económicos, sociales, sicológicos, culturales y
estéticos. El arte por el arte es una
distracción metafísica, una alquimia, un simple
deseo. Es el ideal de una presunta estética
sobrenatural, un anhelo de ser Dios entendido
como simple voluntad de creación, una
confrontación con la estética como concepto
absoluto. Y, desde luego, un rotundo fracaso y
una gigantesca falsedad histórica. Estetizar
nuestra realidad no significa envilecer el arte.
Defender la obra por la obra, la novela por la
novela, el poema por el poema, la pintura por la
pintura, implica el reconocimiento de una ética
y una estética. Muchos exclaman : ¡Me importa un
bledo la ética! ¡La obra se defiende sola!
Desconocen intonsos la fuerza de la historia en
la creación de arte. Cada hombre es parte de la
historia universal. No hay una sóla piel que no
sea historia. En consecuencia, imposible separar
al hombre y la historia de la obra de arte.
Forman un cuerpo, lo homogéneo, lo unívoco. No
hay entonces separación. El hombre como historia
vital se convierte en arte, en creación de
significantes. De tal manera que habría dos
interpretaciones para éstos llamados estetas
puros: La primera, que son unos ignorantes de
los contenidos históricos del arte y, la
segunda, que esconden intereses creados del lado
de las derechas políticas internacionales.
ACLARACIÓN NECESARIA
Hablar de ética en el arte no significa en modo
alguno proponer una militancia ideológica. Lo
menos histórico que ha habido son los partidos
políticos y en ellos las ideologías. Son las
grandes fuerzas económicas y sociales las que
estructuran la historia y desatan el ejercicio
del pensamiento y quede claro que no estoy
haciendo ningún descubrimiento científico.
De tal manera que es necesario esclarecer
conceptos como ética, compromiso ideológico,
partido político, arte comprometido o arte
militante. No es un secreto que cuando el arte
se pone al servicio de una ideología o de un
partido político o de un régimen de gobierno, el
fracaso es descomunal en términos de ética y
estética. El realismo socialista que obligó a
los creadores soviéticos a defender la república
proletaria no sólo empobreció al arte sino que
condujo al suicidio de pintores, novelistas,
poetas y músicos. Un artista afiliado a una
organización cuyo único objeto es producir arte
para el régimen de turno queda defenestrado,
alienado, postrado, esquilmado, agonizante.
Abandona su condición de artista para
convertirse en un instrumento propagandístico
escribidor de libelos y panfletos partidistas.
Entra a formar parte de los aparatos ideológicos
del Estado. Su condición superior se desvanece.
Deja de ser un testigo fundamental de la
historia para convertirse en una simple ficha de
un partido político en el poder.
Los escritores que se asociaron para defender en
China el régimen de Mao, también fracasaron. De
creadores se convirtieron en agitadores
políticos del régimen de turno. Esa asociación
se impuso desde arriba, desde el poder político.
Revisemos las “Cinco Tesis Filosóficas de Mao”
para comprenderlo. El llamado realismo
socialista acabó con el arte para imponer una
ideología bajo una presunta estética. Igual
ocurrió con otras organizaciones de escritores y
artistas en países de Europa Oriental.
No debe confundirse la postura ética, la
responsabilidad social, el humanismo en su
amplio sentido, propio de todo creador
consecuente con su tiempo; con el arte
comprometido. Es un error. De manera que toda
crítica de arte encierra un análisis ético,
jamás un análisis de ideología de partido. La
ética tiene sus propias definiciones. Criticar a
un artista porque no asume posturas éticas
concretas con su tiempo es legítimo, y además,
necesario. Diferente es que se confunda la
discusión de la siguiente manera : “Es que usted
está criticando al artista porque no ejerce un
arte comprometido”. Eso jamás. El debate de
fondo es sobre ética, no sobre partidos ni
ideologías de turno. Ya dejé claro el error
histórico de esa postura en el mundo del arte.
No dejó sino ripiosidades, folletines
electoreros. El realismo socialista o la
literatura como denuncia social o como apología
de un sistema político, devienen en un
desagradable macartismo de todo lo que no sea la
forma por la forma, la belleza por la belleza,
la estética como única solución del acto
creador.
Charles Baudelaire, crítico de arte y poeta de
cosmogonías, exigió en su momento una ética al
artista. Sus FLORES DEL MAL son de una capacidad
histórica enorme. Un mejor retrato de las
miserias sociales de su tiempo es imposible de
lograr. Ahí está su ética de la misma manera que
el crítico de arte la tiene, pues no olvidemos
que la crítica de arte es literatura sobre
literatura y condición de poeta debe tener quien
critica desde la estética y la ética la poesía,
como condición de pintor debe tener quien hace
crítica sobre la pintura. La condición de
artista les pertenece tanto al crítico como al
criticado. Ambos son creadores, deben serlo.
Forma parte de su esencia. Crítico y criticado
comparten un mismo ámbito del sentir, una forma
análoga de percibir el mundo, una sensibilidad.
Ahora bien. Algunas medianías, incapaces de
resistir evaluaciones sobre sus obras, vituperan
a los críticos, porque no tienen alas para
producir arte. Dicen los muy pigmeos: “Critican
porque no tienen nada que mostrar”. Debe ser que
no han leído a verdaderos críticos. Insisto, la
crítica de arte debe ser arte sobre arte, como
la crítica literaria es literatura sobre
literatura. Su género es el ensayo artístico.
¿No es Baudelaire uno de los grandes críticos de
arte de su época? ¿ No es acaso uno de los
gigantes de la poesía? ¿Descalificamos los
aportes críticos de Alejandro Dumas, Denis
Diderot, Rilke, Dostoievsky, Poe, Goethe,
Stendhal y Gautier? Entre la crítica artística
de Baudelaire, a la cual hizo importantes
contribuciones teóricas, y su poesía, hay
perfecta circularidad, estricta relación de
complementariedad. En Baudelaire se aplica la
integridad epistémica, es decir, la
independencia, la consistencia y la sinceridad.
Se ejerce una ética tanto en la crítica como en
la poesía. Su trabajo creador es todo lo
contrario de la arbitrariedad de la razón. Es un
crítico de arte y un poeta en el cual no hay
lugar a heteronomías o dependencias
intelectuales. No se trata de un embaucador
epistémico. Su virtud más celebrada es el rigor.
Aplica las virtudes de primer orden según Kant :
Veracidad, imaginación y meticulosidad. El arte
nunca será un tecnicismo. Sería antipoético.
Jamás pertenecerá a lo tecnocrático, ni
participará en bolsas de valores. Mientras el
mundo se hunde en una profunda crisis del
sistema capitalista, que no una crisis en las
acciones de bolsa, el arte interpreta. El
ejercicio de las simples formas en el arte es
una manera de esconderse y evadir
responsabilidades éticas. No puede afirmarse que
los textos de crítica artística de Baudelaire y
sus prosas estéticas son adefésicas y de tono
menor.
“
La excesiva maestría de una obra sabemos que es
masturbación ágil”
decía el poeta francés. La obsesión por la forma
termina destruyendo la sensibilidad artística y
anulando el poder revelador del arte. La belleza
debe tener una concepción histórica, una lectura
del hombre y las cosas. La crítica de arte
Martha Traba, aplicó la principal enseñanza de
Baudelaire en Colombia :
“
El crítico debe cumplir su deber con pasión”.
Lástima que ella no haya tenido sinceridad. Le
jugó a los intereses creados y causó mucho daño.
Su crítica fue corrosiva y disolvente.
No hay mayor postura ética que la de Miguel de
Cervantes en su Ingenioso Hidalgo Don Quijote de
la Mancha. La obra de Homero sí que es otro
ejemplo. Por supuesto que Shakespeare no se
queda atrás. El fondo de las teorizaciones
artísticas de Sócrates, Platón y Aristóteles, es
la cuestión ética, dicho en términos
filosóficos. Ahora nada más, la gran discusión
filosófica en Europa es la ética. Esa agitación
está muy promovida por los pensadores polacos.
No hay duda de que el tema central de cualquier
ejercicio del pensamiento contemporáneo es la
ética. Controversia que por razones epistémicas
no puede estar ausente del arte. Si “la
poesía es un arma cargada de futuro”,
como dice Gabriel Celaya, imposible negarle una
ética, una función histórica. Los documentos,
los procesos jurídicos y el registro civil con
su fe de bautismo, se pierden en los archivos
oficiales. La poesía no. El verso supremo y
clarificador se reproduce eternamente, en la
memoria de los hombres. El arte es una fuente
histórica. ¿Cómo comprender a la Rusia zarista
sin las novelas de Tolstoi, cómo clarificar la
miseria moral de ese pueblo sin leer a
Dostoievsky? El pintor Goya es decisivo para
comprender la pobreza y la represión de los
estados monárquicos europeos. Y no vayamos a
decir que Goya tuvo militancia partidista,
pintura comprometida. Oscar Wilde fue un
testimonio de su tiempo. ¿No es la cárcel de
Reading una descripción perfecta de la
criminalidad y la represión y de todas las
violaciones de derechos humanos? ¿No describe,
acaso, a la perfección, esos antros donde se
disuelve la condición humana? ¿No interpreta
Balzac, desde una ética, el estado general de la
nación francesa, sus instituciones
descompuestas, la familia misma? ¿No fue crítico
literario Ernest Hemingway? ¿Dónde quedan,
entonces, las apreciaciones de Milán Kundera? En
Europa, la mayoría de críticos de arte entre
1660 y 1850, son escritores. Así que los
artistas críticos de arte son innumerables,
menos para esta casta de sociópatas que ven
enemigos en todas partes. Su única exigencia es
el unanimismo dictatorial y castrador de toda
forma de pensamiento. En todos esos críticos
europeos se destaca una ética, ética que por
supuesto exigen a los criticados, además de la
existencia de una perfecta circularidad entre
sus ensayos estéticos y su obra poética y
novelística, como ya lo dije de Baudelaire. Si
la obra de arte es una captación supranatural de
la realidad y una elaborada meditación, la
crítica tiene que hacer los mismos ejercicios
para penetrar en lo profundo del arte. Significa
la total correspondencia intelectual y
espiritual entre crítica de arte y obra de arte.
En consecuencia, ambos son artistas, creadores,
esteticistas, demiurgos. No puede haber divorcio
funcional, más aún, imposible pregonarlo. Sería
una dicotomía ucrónica y utópica, valga decir,
imposible en el espacio y en el tiempo.
Uno de los momentos cumbres del encuentro ética
y crítica de arte en el mundo contemporáneo se
presenta en la Europa de la segunda postguerra.
Era necesaria la ética como vanguardismo, la
exigencia de valores humanísticos después de
tanto desgarramiento. Ello explica la presencia
de personalidades como Sartre, Simone de
Beauvoir y el mismo Cioran, en la vida
intelectual y filosófica. No sobra recordar la
gigantesca controversia ética desatada por la
militancia inicial en el Partido Nacional
Socialista de Adolf Hitler, del -para algunos-
más grande filósofo del siglo XX, Martín
Heidegger. Sin duda que su obra Ser y Tiempo es
una escultura de la filosofía, un edificio del
pensamiento. Reconozco que me fue muy difícil
entender esa decisión del gran pensador alemán
Rector de la Universidad de Friburgo en 1933. En
su “Introducción a la Metafísica” publicada en
1953 dice el filósofo :” Nuestra época atraviesa
por una crisis espiritual caracterizada por tres
flagelos, que afectan a la sociedad
contemporánea, cada vez con más apremio : La
“huida de los dioses”, la “masificación del
individuo” y la “destrucción del planeta”. ¿No
necesitamos, entonces, de una ética y una
crítica de arte en la sociedad?
LOS MOMENTOS DEL ACTO CREADOR
Un artista, para serlo, necesita de dos talentos
esenciales, llamémoslos “atributos de su
personalidad”: Captar, mediante poderes
espirituales superiores, el misterio de las
cosas y, materializarlo con los utensilios del
arte. El manejo de los instrumentos exige
destreza, conocimiento profundo. En el caso de
la literatura es el lenguaje. El artista
interpreta lo secreto, lo adivina y, al final,
lo concreta en la obra de arte. Para lograrlo se
requiere ser un brujo sideral, cosmogónico,
unido a la vida, desde el principio de los
tiempos. Cumplida la primera etapa, la del mago,
se pasa a la fase de alta cirugía. Cada
significante debe ser exacto. Al final habrá una
perfecta construcción lingüística y poética
además de interpretativa, de la realidad. Surge
la obra de arte. El entorno del artista jugará
papel decisivo en su forma interpretativa. La
experiencia con la vida de cada creador será
determinante. Siempre habrá una ética y una
estética. Siempre correrán como dos corrientes
paralelas. Atrapar el misterio y hacerlo materia
es la obligación del artista. El momento de
creación es un arrebatamiento. Lo recóndito del
universo se deja ver ante los ojos del artista,
y su misión es develar ese misterio profundo de
la vida mediante la cristalización del objeto de
arte, llámese lienzo, novela o escultura. “La
obra de arte responde a una labor de
idealización que transforma lo natural en
supranatural” sentencia Baudelaire. La ética
como conjunto de valores desarrollados en el
decurso del artista y como conclusión del
entorno múltiple, aflorará sin remedio. El arte
es un hecho social. El mexicano Carlos Fuentes
en su libro “El naranjo o los Círculos del
Tiempo”, demuestra una vez más que las fronteras
excluyentes, cortantes, entre historia y
ficción, no existen. La palabra y la historia
son los componentes de toda su obra. La
literatura y el arte son ante todo comunicación.
El arte no acepta a los simuladores, a los
piratas que tratan de usar su ropaje. En
Colombia abundan. En ellos la lectura no existe.
Su alma es un reproductor de ignorancias
históricas. Oí decir a uno de esos alfabetos que
no hombre culto y de pensamiento, que no tenía
ningún interés en saber la historia del arte
¿Para qué eso? Seguidamente dijo, que para ser
escritor, no era necesario saber español, que
ese conocimiento era para profesores. Que la
filosofía no era más que una teorización de
historiadores y académicos. Las citas podrían
multiplicarse y algunas ser demasiado penosas.
Capítulo entero amerita el estado de la
educación pública. La universidad necesita ser
más participativa. Los profesores tienen que ser
menos burócratas, menos sabáticos, más
preocupados por la vida de la nación. Muchos son
de una mediocridad apolínea. De alguna manera
sigue vigente el pensamiento de Estanislao
Zuleta sobre el sistema educativo :
Absolutamente castrador. El interior de la
universidad colombiana está sombrío. No hay
indicios de un renacimiento. Colombia reclama
una verdadera revolución del pensamiento y la
cultura. Ahora bien. Muy necesaria la discusión
sobre el estado de la educación secundaria. ¿No
se justifica la discusión ética y crítica en
nuestra sociedad? ¿No es fundamental si queremos
ahondar las libertades, el libre pensamiento y
la formación de una real democracia? En los
colegios y escuelas ni siquiera se aplica la
alementalidad de la “ética de Amador” de
Fernando Sabater. Tenemos que discutir sobre la
ética en lo público, en lo privado, en el arte,
en la familia, en la escuela, en la academia,
en el cine, es decir, la ética como postura
totalizante de una sociedad. Uno de los grandes
conflictos de la nación colombiana es la
postergación de su debate ético. Si iniciamos ya
esa discusión siempre retrasada por la sucesión
atropellada de capítulos ignominiosos y
trágicos, habrá esperanza.
LOS GOCHENECHES COLOMBIANOS
Mal haría en no puntualizar la conducta de los
gocheneches colombianos, que los hay por
racimos. Dicen –ellos- que la ética no importa,
que los mejores artistas han sido verdaderos
desechos, piltrafas humanas, violadores,
cocainómanos, fantasmas nocturnales ahogados por
el humo, el hachis y el éxtasis. Carroñas
arrojadas sobre lechos de piedra dura, volviendo
a Baudelaire, ese insuperable vicioso. Olvidan
que detrás de los grandes abismos se han
expresado las más grandes éticas del arte
universal. Su argumento es evasivo y
desconocedor de la historia del arte y, por
supuesto, de la ética como categoría filosófica.
Caer en los vértigos de la vida, en sus espejos
desorientadores y, la mayoría de las veces
alienadores, no significa la desaparición de la
ética, ni mucho menos, su renuncia. ¿No hay
ética en Apollinaire ni en Verlaine? ¿ No hay
ética en la obra del alcohólico William Faulkner?
Los precipicios de Thomas Eliot son profundos.
No mencionemos a los grandes de la literatura
rusa de finales del siglo XlX y principios del
XX. De manera que ese no es el punto.
Nuestra ética empieza con la interpretación
artística de una realidad escabrosa muy lejana
de cualquier asomo humanístico. Los
intelectuales y creadores colombianos, en amplia
mayoría, desconocen en grado sumo la historia
del arte, y no pocos son simples alfabetos,
auténticos simuladores en el saber cultural y el
ejercicio del pensamiento. Su falta de
honestidad para asumirse como colombianos ha
hecho mucho mal al desarrollo de una crítica de
arte y un pensamiento avanzados. La ética debe
ser el debate contemporáneo. Son los gocheneches,
los que proponen la desviación del río de La
Magdalena por la carrera séptima de Bogotá y el
montaje de una carpa para evitar la lluvia sobre
la capital. Obtusos trapecistas incapaces de
ayudar al mejoramiento de Colombia. Algunos
tienen toda la formación académica y los
laureles suficientes a nivel internacional;
pero, al carecer de ética, siguen obstaculizando
la formación de un pensamiento y una cultura
críticas, sobre todo por su ideología
colonialista y su desprecio por el país.
ALGUNOS DOLORES
Duele el silencio de Álvaro Mutis, su
insolidaridad. Le lame el culo al Rey abrazando
una ideología colonialista. Ya lo dije en otro
escrito. Su discurso, si así puede llamarse
semejante mediocridad, al recibir el Premio
Cervantes, tuvo la magnitud de una vergüenza
continental.
García Márquez también renunció a cualquier
atisbo ético. Hacer pública una posición ética
sobre los graves problemas de la nación y hacer
interpretaciones contemporáneas desde la
literatura, no es ejercer una ideología en las
letras ni defender un partido, ni ser
comprometido o realista socialista. Es la simple
función ética del arte, que no se aleja, por
supuesto, de una función histórica y social. Un
país que tiene doble moral al permitirle a su
Premio Nobel la exaltación de la pedofilia en su
novela Memoria de Mis Putas Tristes, exige ética
en sus intelectuales y artistas, algún tipo de
liderazgo. La novela de Kawabata tiene hombres
pasados de sesenta años que exigen jóvenes de
21. La de Márquez es con ancianos de 90 que
reclaman niñas de 14 años que además deben ser
vírgenes. ¿No amerita un debate desde la ética
la literatura colombiana? ¿Es eso correcto por
tratarse de un artista? ¿Es ético con América
Latina, que rindamos prosternaciones a la
monarquía española? ¿Es ético que estemos
volviendo a las novelas históricas que exaltan
la conquista y el dominio colonialista español?
¿Es ético que los intelectuales y artistas,
sobre todo del Departamento del Cauca, no digan
nada sobre la tragedia de sus indígenas y su
estado colonial? ¿Cuál es el papel de los
artistas frente al narcotráfico y el
paramilitarismo y, por supuesto, la guerrilla?
¿Es legítimo opinar sobre los tres millones de
desplazados desde el arte y el ejercicio del
pensamiento? ¿Debe ser el arte algo etéreo e
inalcanzable para los hombres que no son
artistas? Colombia necesita de una decidida
controversia sobre la ética y el arte. Mientras
algunos luchan por imponer la pena de muerte
para violadores de niños y niñas, mientras en
cada nuevo amanecer hay un hecho vergonzoso
contra la infancia, mientras aumenta el dolor de
miles de familias dañadas por los asesinos y
violadores de sus hijos, callamos la incitación
pedofílica que hace García Márquez, desde la
literatura. Qué ética tan delgada. Qué doble
moral la de sus católicos lectores.
La ética y la crítica de arte en el mundo
contemporáneo, exigen un cambio de
comportamiento, un nuevo deber ser de tanto
gocheneche. Ser un gocheneche es pasar agachado
con el actual Ministerio de Cultura y su
elegida. La nombraron para darles gusto a los
congresistas afrodescendientes de Estados
Unidos, jamás para darle representación al 30%
de las negritudes colombianas. ¿No amerita esa
flamante ministra un debate ético de los
intelectuales? ¿Es ético que para la celebración
del bicentenario de nuestra llamada
independencia se nombre como directora a una
reina de carnavales de la Costa Atlántica?
¿Cuándo se dará el debate a la crítica de Martha
Traba, una argentina que vino a Colombia a
pontificar quién era bueno y quién era malo en
la plástica? ¿Una intelectual que ejerció su
“CRÍTICA” sobre la base del amiguismo y los
odios reconcentrados y que llevó a la muerte en
París al pintor Darío Morales? Traba escribió
con pasión, pero fue sospechosa. Su crítica no
fue sincera.
No olvidemos que, en Colombia, el periodismo
pretende dominar, de manera también sospechosa,
el universo literario, con libros insulsos
patrocinados por editoriales bastardas, que más
obedecen a la urgencia de espectáculo mercantil
y utilitarista, que al conocimiento de los
géneros y los hallazgos estéticos. Qué daño
están causando a los lectores de novelas y
narrativa. ¿No se justifica un debate ético
entre periodismo y literatura a la colombiana?
¿No es tiempo de discutir la ética de los medios
de comunicación? Recordando a Pierre Bourdieu,
los medios de comunicación de Colombia se
olvidaron de la ética, no informan, ofrecen
espectáculo, y la mayoría de las veces, se
olvidan de representar a la opinión pública para
representar al gobierno de turno y en él a los
grandes grupos económicos. ¡Qué negación de la
ética!
La mayoría de nuestros artistas carece de
posición ética. Se venden como judas por
miserables contratos en esas oficinas de
mentideros culturales. Se agazapan buscando que
beneficio logran a cambio de su complicidad con
la mediocridad de turno. En síntesis :
desconocen la conexión entre ética y crítica en
el mundo contemporáneo. La crítica es de la
esencia del desarrollo del pensamiento y la
cultura de las sociedades. La ética y la crítica
contribuyen de manera decisiva en el
mejoramiento espiritual y cultural de los
pueblos. Donde no hay ética ni crítica hay
barcos hundidos sólo habitados por el silencio y
el pasado. ¿Qué decir de los artistas que
trabajan para narcotraficantes fuente mayor de
su riqueza? ¿De los que al tiempo que presentan
una novela en un salón francés o español,
escriben discursos para políticos corruptos y
mediocres? No hay duda. Es tiempo de abordar la
cuestión ética en el arte colombiano. La
construcción del tejido social nuestro está
vinculada de manera estrecha a la ética y en esa
tarea monumental por fuerza de los graves
conflictos que padecemos, el artista tiene
descomunal responsabilidad. No tenemos una
problemática para ángeles ni mucho menos una
Constitución alada y parnasiana. Nuestros
grandes conflictos son de carne y hueso y el
arte nunca será la renunciación a lo histórico y
a lo terreno. Es imperativo bajarse de esa
inhumana y despreciable nube. La forma por la
forma será siempre anacrónica.
SOMOS CONTEMPORÁNEOS
Ortega y Gasset escribió: YO SOY YO Y MIS
CIRCUNSTANCIAS. Somos “seres situados” y en
consecuencia asumimos posiciones políticas,
sociales, éticas y estéticas, como escritores y
artistas. Muchos escritores y críticos
“modernos”, están lejanos del Medioevo sólo en
la medida en que disfrutan de los avances de la
ciencia y de los productos de la tecnología.
Toda modernidad está llamada a convertirse en
pasado, en antigüedad. Discrepo conceptualmente
del arte moderno, prefiero referir al arte
contemporáneo. Lo moderno es una reacción
contra el esclavismo de la gleba y los siervos,
una postura ufanada contra el alto medioevo, un
envanecimiento por la ciencia y la tecnología,
lo contemporáneo es la simple representación
artística del presente.
SOBRE LA AUTOCENSURA
Una cuestión medular del debate sobre ética y
crítica de arte en Colombia y en general, en
América Latina, es la autocensura. Conocidos y
publicitados intelectuales, escritores y
artistas, sepultaron la palabra pública, el
concepto de la cultura como creación social, por
miedo. Miedo al desempleo, miedo al destierro,
miedo al exilio interior, al ostracismo, miedo a
ser diferentes, miedo a ser marginales, miedo
al miedo, miedo a la muerte o la desaparición
forzada. Es inocultable, en esos creadores, en
esos intelectuales, la falta de una ética. Las
sociedades más avanzadas, más civilizadas, más
permeadas por el pensamiento y la cultura,
promueven el discurso como categoría superior
para el progreso social. Es imposible fomentar
el libre pensamiento, la tolerancia activa en la
diferencia, lo dialógico, lo societal, si los
mismos académicos y artistas se imponen la
autocensura. La autocensura no es válida ni en
la cárcel. Wilde escribió desde los barrotes
agonizantes. Ni qué decir de los cientos de
poetas españoles que sobrevivieron a la pena de
muerte en campos de concentración franquistas.
Desde esas mazmorras escribieron y sacaron al
exterior sus versos iridiscentes de belleza y
denuncia de la iniquidad. Recordemos al poeta
condenado varias veces a muerte Marcos Ana.
Nunca renunciaron a su ser histórico. Colombia
no avanzará hacia la construcción de una
democracia social y justa si crece la
autocensura de sus artistas. El arte sólo es
posible en la libertad, en el libre pensamiento,
en la crítica estética, en la cultura. Ninguna
dictadura lo posibilita, sea de izquierda o
derecha. Es hora de salir de la colonia, de ser
contemporáneos, de abrazar la libertad que
necesita el arte y la cultura, de asumir una
ética. No puede haber más dilaciones ni
autocensuras.
..........................................
* Abogado, escritor
y periodista pereirano. Autor de los libros
narrativos Violaciones, Muera el Quijote, Con
Aurora en la Habana y Delirios de la Literatura
Colombiana. Es director fundador de la Revista
MEFISTO de Arte, Literatura y Medio Ambiente,
hace 25 años.
|