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LITERATURA Y BASTARDOS
Por: Germán López Velásquez *
Literatura no es todo lo que se escribe y
publica. Existe un lenguaje estético, una
intencionalidad en el hacedor de literatura.
Quede, pues, claro, que hay basura tipográfica
que no es literatura. Ahora resulta que más de
un bastardo dueño de editorial, promueve como
literatura el entretenimiento, la diversión
fatua, los novelones de peluquería, prostitutas,
sicarios y punto cadeneta. Es necesario defender
los libros literarios de ese ripio buhonero.
Alimentar la confusión es desastroso. Con la
nueva interpretación, propiciada por ciertas
editoriales que tienen también, escribanos como
racimos, serán de alta literatura El Quijote y
Las Confesiones del desaparecido paramilitar
Carlos Castaño. No habrá diferencia. Peor aún,
serán de igual importancia Las Aventuras de
Tarzán y las de Robinson Crusoe.
Vender como literatura el novelón Sin tetas
no hay paraíso, propio para el
televisivo Pandillas Juveniles (que imagino le
ha procurado mucho dinero a su guionista) es una
deformación cultural. Para infortunio, nada
dicen las asociaciones de escritores, los
centros literarios, y menos las facultades de
literatura, tan aisladas del debate intelectual.
La Universidad colombiana cerró sus puertas. No
le importa la vida de la nación. Todo es una
oferta académica, matrículas y diplomados. No
hay discusión.
Afirmar que Los caballeros las prefieren
brutas es un libro de excelencias que
estimula la lectura en Colombia, sí que es
aberrante. La señora Santo Domingo podrá tener
llenos los bolsillos con ese embuste, pero de
ahí a que sea una gran creadora de literatura
colombiana, hay mucho trecho. Su formación no
alcanza para esas glorias. No puede confundirse
la dinámica del mercado con la buena literatura.
El entretenimiento vende fácil, no tiene
reflexión filosófica ni literaria, no tiene
mayores exigencias. La filosofía y la
literatura, al contrario, tienen lectores más
reducidos. No es lo mismo leer a Shakespeare
que La Cruz de Caravaca. No significa que la
literatura y la filosofía sean excluyentes, de
élites. Hay mucho analfabetismo y muy poca
lectura en Colombia. Luego, el problema es
cultural. Descarto, pues, que los libros de
entretenimiento como los mencionados, mejoren el
nivel reflexivo e intelectual de nuestras
gentes. Sólo satisfacen el ingreso del autor y,
por supuesto, las ganancias de la industria
editorial. Lo ideal es que los medios de
comunicación, las escuelas, los colegios,
orienten la buena lectura. Aunque duela decirlo,
no hay duda de que la industria editorial vende
mucha basura. Las grandes ventas de esa basura
no indican que aumente el alfabetismo y la
cultura. O que haya una revolución cultural. O
que la cultura se esté masificando, como debería
ser. Todo lo contrario, estimulan la
ignorancia, la incultura, la pasividad en todas
las formas. Son, en definitiva, textos
reaccionarios que lo único que logran es
adormecer, evitar el pensamiento reflexivo y
transformador de la realidad. Afirmar, como lo
hace el Señor Sergio Álvarez en Semana, que las
grandes ventas de Santo Domingo y Gustavo
Bolívar “cogieron mal parados a muchos
intelectuales y escritores colombianos” es un
sofisma. Necesitamos de la lectura masificada,
de la apropiación del libro, del crecimiento de
los niveles de lectura, del aumento de
bibliotecas públicas, pero también de un
mejoramiento del criterio del lector, del
comprador de libros. En Colombia hay muchas
bibliotecas privadas de 200 ó 300 libros donde
con dificultad se salvan diez. Lo demás es
basura. Empiezo por la Cruz de Caravaca y Los
caballeros las prefieren brutas. Agregue
veinte libros del mercachifle Koelho. Otros 20
sobre cómo ser feliz. 8 sobre nosticismo. 10
sobre el estrés. 5 sobre cómo gastar lo que
ganamos y 12 sobre cómo hacer el amor sin
masturbarse, y pare de contar. Ya es hora de que
el libro deje de ser artículo de lujo,
entretenimiento de pan y circo, abalorio del
mercado, la gran estafa de la industria
editorial.
Paulo Coelho es el que más vende libros en
América Latina, pero, por supuesto, no escribe
literatura sino que aprovecha la soledad, la
tristeza, la desesperanza de un continente para
meterle mentiras y comercializar malos sueños.
Lo inquietante es que una Feria del Libro de
Bogotá lo tuvo hace años como invitado especial.
No le dio pena a la junta directiva de esa feria
invitar al avivato de Koelho como celebridad de
la literatura universal. En un programa nocturno
de televisión hizo gala de sus malabarismos
esotéricos francamente ridículos y embaucadores.
Para agravar el problema, los medios de
comunicación se convierten en las mejores cajas
de resonancia de estos nuevos bastardos de la
literatura. Un canal de televisión no tuvo reato
de conciencia en presentar como obra literaria
el novelón de las tetas y el paraíso del
narcotráfico. Ahora nada más, en el publicitado
hasta el exceso HAY FESTIVAL, realizado hace
poco en Cartagena, un exjugador de fútbol
argentino fue convertido por los medios
colombianos en depurado esteta de la palabra, en
ilustre literato, en innovador celeste de las
formas del lenguaje. Tiene cinco libros (cuatro
de ellos dedicados a explicar cómo meter un gol
desde los 18 metros sin que le vuele pantano al
arquero). Valdano sabe mucho de fútbol, pero de
ahí a que sus libros tengan contenido literario,
posturas estéticas, intencionalidades
novelísticas o de otro género, hay un abismo.
Hay que darle seriedad a la literatura. Si bien
es cierto que en lenguaje sencillo puede
hallarse buena literatura, para serlo –
recordando a Meléndez y Pelayo– tiene que
vestirse de belleza, de arte, de creatividad. Si
alguien insiste en que Paulo Koelho es un
literato que lo demuestre. Ahora bien, estamos
llevando a dimensiones exageradas un conjunto de
libros judiciales y truculentos que promueven
las editoriales bastardas.
Germán Castro Caicedo, por más buena persona que
sea, no escribe literatura sino periodismo
ramplón. Es un excelente reportero sin lenguaje
literario que sería lo ideal. El libro
Satanás de Mario Mendoza no creo que sea
literatura colombiana. Es también periodismo
disfrazado de literatura sobre la violencia
terrorífica de Bogotá. Ese libro es muy bueno
para espantar turistas. Si no quiere volver a
Bogotá o no quiere conocerlo, léalo. Es el
jarabe perfecto. Ahora, qué tal los bodrios de
Efraín Medina. Sin duda es un buen boxeador, sin
duda es un excelente autor de divertimentos y
sainetes para la Revista SOHO, pero en lo
literario, concito de nuevo el debate. No
podemos retroalimentar la literatura colombiana
con mentiras, con embustes de los medios de
comunicación. Ahora no falta sino que la señora
Regina Once de Liska escriba un libro sobre
brujerías y su cumpleaños número 70 para
agregarla a la lista de escritores de literatura
colombianos. Cada cosa en su sitio. Sí, Hay
Festival, hay endemia de bastardos.
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* Abogado, escritor
y periodista pereirano. Autor de los libros
narrativos Violaciones, Muera el Quijote, Con
Aurora en la Habana y Delirios de la Literatura
Colombiana. Es director fundador de la Revista
MEFISTO de Arte, Literatura y Medio Ambiente,
hace 25 años.
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