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REQUIEM POR ANTINOO
Yo soy Adriano,
El grande,
He vencido en la guerra
Y conozco el secreto
Del laurel de la gloria.
He recorrido mil paisajes
Que se han grabado en mis
retinas,
He alimentado
Mis incógnitas
Con la verdad helena
Y quise sondear la
medicina.
Mi sangre ibera
No encontró quién la
intimidara
Hasta que hallé tu risa,
Mi efebo,
El esclavo incitante
Que sometió a su rey.
Me subyugó tu torso
Y me venció la savia de
tu boca;
Me hizo reír la
ingenuidad
De aquella adolescencia
Dichosa.
Tu inexperiencia fue la
lanza
Que anonadó mi mente de
estratega
Y en tus brazos viriles,
Que transpiraban cálices
de hombría,
He pérdido la única
batalla.
Pero en el luminoso
Pináculo exultante
De mi delicia,
La demencia cegó tus
reflexiones
Y te fugaste de la vida
En ese Nilo milenario,
Con aroma a Nenúfares.
Ya nada pudo rescatarte,
Y tu cuerpo dorado,
Que era la quintaesencia
De mi reposo,
Era cargado hacia el
sarcófago.
¿De qué sirve el comando
de este imperio
Y el oro que desborda mis
mansiones
Si no poseo el gozo
Supremo
De tu cuerpo?
Ahora no puedo descansar,
No cesa el vértigo
De pensar que en mi lecho
Ya no estará tu sueño.
Y aquella daga
interminable
Que con furor punza mi
pecho
No me mata,
Sigo viviendo en el
averno.
Levanto templos en tu
honor,
Mi nuevo dios,
Antinoo,
Hago acuñar monedas con
tu efigie
Y una ciudad que te
eternice
Será mi ofrenda,
Amado.
Pero debe seguir
Aquel peregrinar de mi
leyenda,
Seguiré gobernando los
llanos infinitos,
Aunque el desierto
De mi aliento
Sólo me mande a estar
contigo.
EL
SUICIDIO DE TCHAIKOVSKI
Corriendo
Por las escalinatas
De tu pensamiento,
Veo
Juegos de fuego
Ominosos
Creciendo
Hasta el Big Bang
Lumínico y patético
Tchaikovski,
Piedra,
Pedro,
No puedo,
No puedo consolar
El llanto de tus vientos:
Salmo de saetas,
Puñales negros,
Sables cosacos
gimiendo.
Esta es la sinfonía del destino
Que mendiga un abrazo sempiterno,
Pero que,
Más allá del falso ensueño,
Rosado,
Arrullo del pasado,
Se encuentra con el frío del infierno
Que quema
Como un beso.
Lontano
Solo el hielo,
Tu saudade circunda
Un chelo esquizofrénico,
Y lloras en el suelo,
Vibrando,
Trémulo,
Mientras tus labios congelados
Recitan los compases
Del primer movimiento
De tu melancolía enajenante
Que no tendrá remedio.
Sólo el vuelo,
Solamente una fuga hacia el Nirvana,
Asido de la mano
Del cisne negro,
Amainará el desasosiego
Ciego:
Esa incomodidad
Por ser el mundo tan pequeño
Para albergar tu genio.
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