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"La libertad no es más que una oportunidad de ser mejores"  Albert Camus

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Sergio Esteban Vélez Peláez - Edición No. 61
 

REQUIEM POR ANTINOO

Yo soy Adriano,

El grande,

He vencido en la guerra

Y conozco el secreto

Del laurel de la gloria.

He recorrido mil paisajes

Que se han grabado en mis retinas,

He alimentado

Mis incógnitas

Con la verdad helena

Y quise sondear la medicina.

Mi sangre ibera

No encontró quién la intimidara

Hasta que hallé tu risa,

Mi efebo,

El esclavo incitante

Que sometió a su rey.

 

Me subyugó tu torso

Y me venció la savia de tu boca;

Me hizo reír la ingenuidad

De aquella adolescencia

Dichosa.

Tu inexperiencia fue la lanza

Que anonadó mi mente de estratega

Y en tus brazos viriles,

Que transpiraban cálices de hombría,

He pérdido la única batalla.

Pero en el luminoso

Pináculo exultante

De mi delicia,

La demencia cegó tus reflexiones

Y te fugaste de la vida

En ese Nilo milenario,

Con aroma a Nenúfares.

 

Ya nada pudo rescatarte,

Y tu cuerpo dorado,

Que era la quintaesencia

De mi reposo,

Era cargado hacia el sarcófago.

 

¿De qué sirve el comando de este imperio

Y el oro que desborda mis mansiones

Si no poseo el gozo

Supremo

De tu cuerpo?

 

Ahora no puedo descansar,

No cesa el vértigo

De pensar que en mi lecho

Ya no estará tu sueño.

Y aquella daga interminable

Que con furor punza mi pecho

No me mata,

Sigo viviendo en el averno.

 

Levanto templos en tu honor,

Mi nuevo dios,

Antinoo,

Hago acuñar monedas con tu efigie

Y una ciudad que te eternice

Será mi ofrenda,

Amado.

 

Pero debe seguir

Aquel peregrinar de mi leyenda,

Seguiré gobernando los llanos infinitos,

Aunque el desierto

De mi aliento

Sólo me mande a estar contigo.

 

EL SUICIDIO DE TCHAIKOVSKI

Corriendo

Por las escalinatas

De tu pensamiento,

Veo

Juegos de fuego

Ominosos

Creciendo

Hasta el Big Bang

Lumínico y patético

 

Tchaikovski,

Piedra,

Pedro,

No puedo,

No puedo consolar

El llanto de tus vientos:

Salmo de saetas,

Puñales negros,

Sables cosacos

gimiendo.

 

Esta es la sinfonía del destino

Que mendiga un abrazo sempiterno,

Pero que,

Más allá del falso ensueño,

Rosado,

Arrullo del pasado,

Se encuentra con el frío del infierno

Que quema

Como un beso.

 

Lontano

Solo el hielo,

Tu saudade circunda

Un chelo esquizofrénico,

Y lloras en el suelo,

Vibrando,

Trémulo,

Mientras tus labios congelados

Recitan los compases

Del primer movimiento

De tu melancolía enajenante

Que no tendrá remedio.

 

Sólo el vuelo,

Solamente una fuga hacia el Nirvana,

Asido de la mano

Del cisne negro,

Amainará el desasosiego

Ciego:

Esa incomodidad

Por ser el mundo tan pequeño

Para albergar tu genio.

 

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